Historia

  
La existencia de los Reverendos Padres en la villa de Osuna, y el gran servicio apostólico de su acción bienhechora en la espiritualidad de nuestro pueblo, necesariamente daría el consiguiente fruto en la fundación de una Hermandad de Penitencia, que saliera públicamente por nuestras calles en procesión solemne y callada en la Semana Santa, en el Domingo de Ramos, día que la liturgia de la Iglesia proclama la Realeza de Cristo triunfante, para mayor contraste con la aflicción y dolores cruentos que Cristo, Nuestro Señor, sufrió en el misterio doloroso de su flagelación, Caído y sin fuerzas humanas tras los terribles azotes que recibió en su lacerado cuerpo.

Y en efecto, en el año del Señor de mil setecientos cinco, se constituye la Hermandad a instancia y esfuerzos de su fundador DON MANUEL DE ÁVALOS Y PIMENTEL, que redactó las primeras Constituciones, como producto de sus dos grandes amores; a la Villa de Osuna, culta y preclara, y a Nuestro Padre Jesús Caído, y a su Madre, y Madre nuestra de la Merced, Redentora de Cautivos, no sólo de los que están privados de la libertad por avatares de las guerras, imposibilitados de defenderse de ellos con la luz de las virtudes, engendradora de la verdadera libertad de los hijos de Dios.

En aquellas primitivas y admirables Constituciones, así se habla de nuestra villa: “En la que fue colonia de Romanos, e Noble, Ilustre, Esclarecida, conocida en nuestra España y demás tierras nuestras, habrá muy pocos que no se hayan enriquecido con los diminutivos de su elocuencia, de cuya Universidad y Consejo habla Gudiel en el Compendio de las Historias de España, de donde se han aprovechado los más expertos entendimientos. Esto es OSUNA, joya sin precio, fundada antes de que el Redentor del mundo, segundo Adán, bajara a redimirnos de la esclavitud eterna; de esta habla Antonio Agustín, en Diálogos, y Ambrosio de Morales, libro 7º, Cap. 13, y últimamente el doctor Rodrigo Caro... etc.” 

Cual fuera el ambiente religioso y cultura de la esclarecida Villa, en que va a florecer por primera vez como Esclavitud de Jesús Caído y Nuestra Señora de la Merced, nos lo refiere el propio fundador en las mencionadas Constituciones. Nos habla de la existencia de ocho colegios, de la Gran Colegial, de la Universidad, de un colegio de Padres Jesuitas, de diez Sagradas Religiones, (lo que debe entenderse por Órdenes Religiosas), cinco monasterios de Religiosas y otro de Recogidas, tres santuarios y dos hospitales. Toda esta floración religiosa, iba pareja con la exuberancia y bellezas de los campos de los que afirma “en cuyos campos se mira abril, colmado de mieses de agosto” todo ello como favor y gracia de los Patronos San Arcadio y San León y sus doce compañeros. Por si algo faltara para encumbrar su grandeza, manifiesta que viste Osuna de verde el firmamento, es “asombro de Marte y espanto de Venus”. 

Pero más importancia tiene para la historia de nuestra Esclavitud y Hermandad lo que podemos considerar como verdadera acta fundacional, que así se recoge en aquellas primitivas constituciones de este modo: “En la Villa de Osuna, en treinta y un días del mes de Enero de mil setecientos y cinco años, en el convento de Nuestra Señora de la Merced y de los Hermanos Descalzos, Redentores de Cautivos, compareció ante el Padre Fray Juan de las Nieves, doctor en Sagradas Teologías, dignísimo Comendador de dicho convento y demás religiosos conventuales, Don Manuel de Ávalos  y Pimentel, vecino de dicha Villa, como fundador que ha de ser de una Cofradía y Hermandad que su título ha de ser Jesús Caído y, hizo súplica al dicho Padre Comendador y demás religiosos conventuales, que es la siguiente: Estando presentes diferentes hermanos, que ha enfervorizado el dicho Don Manuel de Ávalos para dicha Hermandad, se leyeron estas constituciones.” 

En estas Reglas o Constituciones de la primitiva Hermandad o Esclavitud se encierra un verdadero tratado de ascética y mística cristiana, cual corresponde a los que con toda entrega y sinceridad de alma se considera esclavos. “Singular título, dice, que habéis abrazado, con superior impulso, fervorosa devoción, ardiente celo, unidos con vínculos de Amor y caridad perfecta a congregarnos reverentes y a dedicarnos amantes al culto, honra y veneración de este Divino Señor”. 

Esta mencionada Esclavitud, tiene en su haber como una gloria suya, que en cerca de tres siglos se adelantó al espíritu actual de la Iglesia, en el nuevo Código de Derecho Canónico admite en las Hermandades, formadas por seglares, igualdad de derechos para el hombre y la mujer, pues el Capitulo III, de las primitivas Constituciones se epigrafía de este modo: “de la limosna que han de dar los hermanos y las hermanas”. Pero es que todavía más se desarrollan diciendo: “Compondrase esta Hermandad de Hermanos casados, viudos y mozos, y en la propia conformidad de Hermanas, para que de esta suerte no se le prive la voluntad al que quisiere servir a Nuestro Padre Jesús Caído”. 

La Hermandad o Esclavitud, tuvo desde un principio un marcado carácter penitencial y en tan alto grado que los cuatro Cabildos o Juntas que prescriben sus primitivas Constituciones o Reglas, el primero de todos debía celebrarse el miércoles de Ceniza, día en que comienza la Santa Cuaresma, y así en el Capítulo V se dice que los hermanos se reúnan en ese día y confesarán y comulgarán todos y después rezarán el Santo Rosario en la Capilla del Convento delante de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Caído. 

Mirad con que espíritu y con qué devoción debían de entrar los que eran hermanos y esclavos en el sentido devocional y persistente en la Santa Cuaresma, que tendría después su reflejo en el Cabildo, que hoy llamaríamos de Salida, preparatorio para la procesión solemne de la Semana Santa, que era el cuarto, y que debía de celebrarse el Domingo de Ramos. Debemos señalar a este respecto cuanto fuera la profundidad del sentido religioso de esta Esclavitud de Osuna, que lo que hoy consideramos como una conquista que es prepararse debidamente para la Estación de Penitencia, ya lo hacía esta Hermandad de Osuna en el año de mil setecientos cinco, en que se constituye en Esclavitud y Hermandad. A este Cabildo ya debía asistir los hermanos y hermanas con sus túnicas y con insignias que cada uno debiera llevar según su cargo, y el estandarte y los pasos que eran tres; el de Ntro. Padre Jesús Caído, el de Nuestra Señora de la Soledad y el de San Pedro Llorando. 

Este hecho nos hace pensar que el momento de la Pasión en que se representa el misterio de su Pasión, es aquel en el que San Pedro lloró amargamente, al cantar el gallo. Y por tanto fue en el patio de la casa del Pontífice Caifás y consiguientemente en el misterio de la Caída no es representativo de las tres caídas que sufrió el Señor en la calle de la Amargura, sino que fue una caída especial, única, antes de las tres que se recogen en el Vía Crucis. Ya en las Constituciones nos habla de Jesús de la Caída, o de Jesús Caído, tras los azotes en casa de Caifás, tal como se recoge en las Reglas primitivas, en que se describe al titular, cuya imagen regaló el referido fundador don Manuel de Ávalos; con otras cinco imágenes más, que de este modo aparecen descritas: “Considerando hermano clarísimo, vuestro más humilde hermano Don Manuel de Ávalos y Pimentel, quién pretende fundar esta humilde hermandad, para honra y gloria de Dios y de su Santísima Madre y Señora nuestra, ayudado en el auxilio e ilustrado de su Divina Luz, dispuso lo primero con sus cortas fuerzas y valiéndose de ellas el hacer de talla; cinco esculturas, representando en ellas al tierno paso, que padeció Nuestro Amantísimo Jesús cuando le dieron los inhumanos judíos más de cinco mil azotes, y según dice muchos contemporáneos, que desatándoles los cordeles con que estaba atado a la columna, cayó en el lado de ella”. La imagen y el paso fueron bendecidos por el muy Reverendo Padre Fray Diego de la Purísima Concepción, provincial de los Mercedarios de Andalucía, y como todavía la Hermandad no tenía capilla, en el mencionado convento de la Merced de Osuna, el fundador acudió a sus tíos Don Francisco García Calvo, y Doña Josefa de la Fuente y Guerra, para que le cedan una que poseían en el citado convento de Nuestra Señora de la Merced, los que no sólo le cedieron la capilla, sino que le hicieron el obsequio de una gran lámpara de plata y una frontal de raso verde, y un lienzo que representa el misterio de los azotes que sufrió Jesús, atado a la columna. 

Como dato fehaciente de la fundación de la Hermandad, en virtud de las primitivas constituciones se hace constar en ellas: “Este libro o Regla de la Hermandad o Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído, se hizo el año mil setecientos cinco, siendo Sumo Pontífice de la Ley Católica y Nueva, Clemente XII, y rey de nuestra España el gran monarca Felipe V por la gracia de Dios, como sucesor de la Corona Regia, que heredó de nuestro gran monarca Carlos II, que está en gloria, según su Santa Vida, y Reina Doña María Luisa, Gabriela, Enmanuel de Saboya, y Arzobispo de este Arzobispado de Sevilla, el Señor Don Manuel de Arias, presidente del Gran Consejo y Cámara de Castilla, y General de dicho Sacro, Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, de la Religión Descalza, el Muy Rvdo. Pedro Fray Diego de los Santos y Duque de nuestra Osuna, el Excmo. Señor Don Francisco María de Paula, y Duquesa de la Excma. Doña María Fernández Velasco.” 

La Hermandad se fundó totalmente en un Cabildo General de todos los hermanos, que habían manifestado su deseo de pertenecer a ella y con la presencia de los Religiosos del convento de la Merced de la villa de Osuna. Dicho Cabildo tuvo lugar en el día 26 de Febrero de mil setecientos cinco, compareciendo el fundador Don Manuel de Ávalos y Pimentel, Teniente de Alguacil mayor de la Real Justicia de dicha Villa, y de la otra parte el Rvdmo. Padre comendador Fray Juan de las Nieves y los Religiosos del Convento, y acordando ambos estamentos la fundación de la Hermandad  y Esclavitud según consta en el acta, afirmando literalmente la Comunidad que la Hermandad “era muy justa y que sería del agrado de Dios, por ser el fin tan bueno y dirigido a su Divino culto”, en vista de lo cual quedó fundada y todos solicitaron la aprobación de las constituciones, y la licencia del Rvdmo. Padre Vicario General, firmando dicha acta los siguientes: Don Manuel de Ávalos y Pimentel (fundador), don José Molina Lobo, Don Miguel José Zúñiga, Don Francisco Arcadio, Pedro de Reina, Juan Gómez, Andrés Sánchez, Francisco Gil, Juan Eusebio Rose, don Francisco García, Pedro de Gra., Francisco Moreno, Juan Rodríguez Picazo, y actuando como secretario, Alonso Fernández. 

De estas constituciones totalmente aprobadas el 12 de Marzo de 1705, y acordado el día del Domingo de Ramos para hacer la estación de penitencia y finalmente por el Decreto del Arzobispo de Sevilla, Don Manuel de Arias, en 14 de Marzo de 1705, firmada por el Vicario  General del Arzobispado, el Dr. Don Juan de Monroy Previsor y Vicario y el Notario Don Francisco José Castaño. También se concedía a la recién-fundada Hermandad, el derecho de utilizar a favor de sus hermanos seis sepulturas del cuerpo de la Iglesia del convento de Osuna, en virtud de Decreto, firmado en 22 de Marzo de 1705, por el Padre General, Fray Diego de los Santos, Fray José del Espíritu Santo, Fray Francisco de San Patricio y Fray Felipe de San Jerónimo, los tres definidores Generales, y refrendado por el Secretario General, Fray Juan de la Natividad, y registrado con el núm. 1.367 al folio 116. 

De estas constituciones, con tanto interés recogidas, se hace una copia, que fue entregada al Rvdo. P Fray Diego Nicolás del Señor San José, comendador del convento, para que la tenga en su archivo, y evitar así, posible extravío, era copia certificada, se extiende en Osuna a 25 de Abril de mil setecientos setenta y siete. 

La esclavitud adquiere gran ambiente en la vida espiritual de Osuna, cuyo resultado fue la concesión de numerosas gracias de las importantes indulgencias y privilegios que la enriqueció la Sede Apostólica Romana. 

Una nueva hermandad iba a surgir en Osuna de gran popularidad, la de las Ánimas Benditas del Purgatorio, con la que se uniría con el tiempo. También esta hermandad de las Ánimas fue celosa de gracias espirituales e indulgencias. El periodo de su mayor florecimiento fue a finales del siglo XVIII, pues en 23 de Marzo de 1778, el Papa Pío VI concede a la hermandad de Ánimas que residía en la Iglesia Convento de San Francisco de los Hermanos Menores, el privilegio de que “las misas que se celebren en cualquier altar de esta iglesia por las almas de los hermanos o hermanas, que hayan muerto en gracia, les sirvan de sufragio, como si se dijeran en Altar privilegiado”. Pero lo importante es que esta concesión no era temporal, sino para siempre. Fue firmada en roma por el Cardenal Ludovico Galino, Prefecto de la Sagrada Congregación de Indulgencias. 

Dos días más tarde el 25 de Marzo de la misma Santidad de Pío VI, se expide “Letras Católicas” a favor de esta hermandad de Ánimas, concediéndole también para siempre Indulgencia Plenaria y remisión de todos los pecados, a los hermanos de ambos sexos, habiendo confesado y comulgado y estando arrepentidos, en el día en que muriesen en ella. Así como también en el “artículo mortis” si invocan con los labios o con el corazón el nombre de Jesús, y a cuantos visitan la Iglesia convento de San Francisco el día de la Función Principal. 

Mas lo más  significativo de la concesión, bajo el punto de vista histórico son estas palabras de las Letras Apostólicas que hace constar la razón de ser la concesión: “Así pues como se nos haya comunicado que la Iglesia del Convento de los Hermanos Menores de San Francisco, de Observancia de la villa de Osuna, diócesis de Sevilla, existe una piadosa Hermandad de fieles cristianos de ambos sexos bajo la invocación de las Almas del Purgatorio, erigida para la gloria y honor de Dios Omnipotentes salvador de las Almas y ayuda al prójimo para ser erigida canónicamente por el Ordinario del lugar”. 

De aquí se deduce primero, que la Hermandad de Ánimas existía en la Iglesia del Convento de San Francisco de la Villa de Osuna en 1778 pero que todavía no estaba erigida canónicamente, lo que se logra cuando la erige y aprueba el Ordinario del lugar, en este caso el Arzobispo de Sevilla; segundo, que para hacer más solemne y atractivo el ingreso de nuevos hermanos, la Santa Sede en la persona de Su Santidad Pío VI, concede abundantes gracias, sin límites de tiempo, incluso a los que se reciban de hermanos. Todo esto es exponente de la profunda religiosidad de los hermanos y devotos de las Ánimas Benditas del Purgatorio. 

Esta hermandad de Ánimas, que como hemos visto fue canónicamente erigida en el año de 1778, según la constancia y finalidad de las “Letras Apostólicas” más arriba citadas, debió fusionarse o por lo menos unirse en afanes apostólicos, con la hermandad de Nuestra Señora del Rosario, y una vez unidas, se trasladan a la Iglesia del Convento de Nuestra Señora de la Merced, Redentora de Cautivos, de Religiosos Descalzos de la Villa de Osuna. Pero al trasladarse hacia el 1801, esta hermandad de Ánimas considera que ha perdido sus privilegios e Indulgencias, y así “solicita de las Santidad de Pío VII, sus oficiales de pecados y reparaciones de penitencia, en la referida Iglesia de Religiosos Descalzos de la Orden de Ntra. Sra. de la Merced”. Y tal como se pide lo concede el Papa. 

Tenemos pues en 1801, reunidas en la misma Iglesia convento de la Merced a las dos hermandades más la de Esclavitud de Ntro. Padre Jesús Caído, o de la Caída, y la de Ánimas y Ntra. Sra. del Rosario. 

Otro  documento importante es la Bula de 1804, a favor de esta hermandad de Ánimas y Ntra. Sra. del Rosario, también expide en Roma en la Basílica de Santa María la Mayor, el 14 de Agosto de 1804, por la Santidad de Pío VII, y dirigida al Arzobispo de Sevilla, autorizando a la hermandad de Ánimas para que se pueda decir una misa rezada en el Altar de Nuestra Señora del Rosario, además de la misa solemne de los Oficios del Sábado Santo. La Liturgia antigua del Triduo Sacro, terminaba con los aleluyas de la Resurrección en la misa de este día, única que se celebraba en toda la Iglesia Universal. De ahí la importancia de esta concesión, a esta hermandad ubicada en el convento de Religiosos Descalzos de la Orden de la Merced. 

Otras gracias e indulgencias importantes había logrado la hermandad de Ánimas a la que podemos considerar como depositaria de un verdadero tesoro espiritual en 1801. 

Ignoramos con qué personas contaba la hermandad para lograr tantos y tan valiosos tesoros espirituales, pero la verdad es que el 20 de Noviembre de 1801 es una fecha trascendental en esta fervorosa y devota esclavitud, posiblemente ya fusionada con la hermandad de las Ánimas Benditas, que logra de la benignidad del Papa Pío VII, cuatro bulas: una la citada anteriormente por la que se concede a esta hermandad, ya ubicada en la Iglesia de la Merced, todas las Indulgencias y privilegios que poseía, en su anterior sede del convento de San Francisco de la villa de Osuna. Otra, en que se concede Indulgencia Plenaria a los hermanos que asistan a la Novena de Ánimas. Una tercera, estableciendo un jubileo anual el día en que los propios hermanos deseasen en sus Reglas. Y, por último, una Indulgencia Plenaria, que se puede aplicar a modo de sufragio al hermano o hermana fallecido/a, en el día de su enterramiento. Más por si fuera poco esto, tres días después lograba otra bula del mencionado Pontífice concediendo Indulgencia Plenaria a todos los fieles cristianos, que con las debidas disposiciones de confesión y comunión, visitasen la Iglesia de la Merced los domingos primero, tercero y cuarto del mes de octubre, es decir, del mes que la Iglesia consagra a la Virgen Santísima del Rosario. 

No poseemos fecha exacta de la fusión de esta hermandad de Ánimas con la de Jesús Caído, pero sí existe en poder de la Esclavitud un escrito del Regente y Corregidores de la Real Audiencia de Sevilla, dirigido a la Justicias de la Villa de Osuna, en que se ordena a las tres hermandades que presenten para su aprobación una Regla conjunta para las tres (¿Cuáles eran esas tres?). Existen entonces en Osuna dos hermandades de ánimas, la unida con la Esclavitud y otra que se pretende unir con la hermandad Sacramental. Son pues tres las hermandades. Este escrito tiene fecha de 26 de Agosto de 1791, dando un mes para redactar esas Reglas conjuntas, significando que no se pretende otra cosa que la “información de las citadas o expresadas ordenanzas”, y no la agregación como se creía. No tenemos más testimonios históricos, pero sí bastantes significativos, pues en dicha época, en Sevilla, también se refundían muchas hermandades y hospitales, obligando a intervenir al Fiscal de S.M., en nombre del Real Consejo de Castilla. 

Nuestra Esclavitud de Jesús Caído y Ánimas, sale procesionalmente el Domingo de Ramos, pero en la actualidad lo hace el Jueves Santo, y acompañando a su titular la Virgen Santísima de los Dolores. De esta imagen poco sabemos, porque en casi todos los documentos sólo se habla de Hermandad o Esclavitud de Jesús Caído y Ánimas, es decir una denominación abreviada. Pero asimismo nuestra Cofradía posee un importante documento suscrito por don Nicolás de Vera Morales, su esposa Doña Ana María Aguilar Martín y por don Miguel Rodrigo, Pbro. Rector de la Iglesia de la Merced, por el que donan un traje de tisú de oro, color carmesí a la imagen de Nuestra Señora. de los Dolores, para que lo luzca en las festividades de su Santo y demás que en el convento se celebren. Este documento lleva fecha de 1861. 

También tenemos constancia de que, desaparecido el convento de la Merced y su comunidad, nuestra hermandad y cofradía se trasladó a la Parroquia de la Asunción, donde se haya actualmente erigida. Parroquia que en nuestros días, está ubicada en la Iglesia de Santo Domingo. 

Desde la fundación, nuestra Esclavitud siempre se ha regido por las primitivas Reglas y Ordenanzas, compuestas por su fundador, Don Manuel de Ávalos y Pimentel, ahora, por vez primera, se reforma por disposición del Arzobispado de fecha 29 de Junio de 1985, firmadas por Fray Carlos amigo Vallejo, en que se derogan todas las Reglas de las hermandades de Sevilla, hasta que no sean reformadas  de acuerdo con el nuevo Código de Derecho Canónico, Sínodo Hispalense y las Normas del Arzobispado.