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El cambio iconográfico y los vestigios conservados

El cambio de iconografía

Por todos es sabido que la década de los 60 del siglo XX fueron años críticos en la historia de nuestra Hermandad. 

Al malhadado desplome de la bóveda central de la iglesia de la Merced, consecuencia del infortunio más imprevisible, le sucedieron otros hechos determinados por desafortunadas deliberaciones de quienes se ocupaban entonces de los designios de la Esclavitud.

No se conocen actas ni documentos internos que pudieran aportar algún razonamiento sopesado -puede que un deterioro extremo de la talla-, que permita ponderar la controvertida resolución de sustituir la gran obra de Alonso Gayón de 1703 -inspiradora de tan elevados y piadosos preceptos espirituales que culminaron con la fundación de la Esclavitud-, por una inédita talla estrenada en 1965 obra del imaginero sevillano Antonio Izquierdo. 

La imagen originaria de nuestro divino pastor Jesús Caído debió iluminar la devoción de miles de hermanos, fieles y devotos durante sus casi 260 años de venerada exposición (1705-1965), generación tras generación. Probablemente por este motivo, al año siguiente del estreno del Cristo –trasladada la cofradía a la iglesia de Santo Domingo-, se decidió la recuperación del prodigioso rostro original de Gayón, quedando integrada al nuevo cuerpo del Señor en sustitución de la cabeza tallada por Izquierdo, sin atractivo ni devoción para los hermanos.

Esta combinación resultante entre el antiguo rostro y el reciente cuerpo han dado paso a 55 años de fervoroso culto hacia Nuestro Padre Jesús Caído tal como lo concebimos en nuestros días. A pesar de las dudas estéticas o artísticas que pudieran generarse en un principio, actualmente es considerada una de las imágenes que despierta mayor devoción y admiración de nuestra Semana Santa.

Pero la polémica determinación no solo afectó a cuestiones formales más o menos acertadas y su impacto sobre los hermanos, como en principio pudiera parecer. La sustitución era de mayor calado pues -como sabemos-, la Caída dejó de corresponder al pasaje que dio origen a la Hermandad -Jesús Caído tras la flagelación-, alterándose bruscamente la representación originaria de un singular modelo de iconografía devocional, el denominado «Cristo de la Púrpura», o «Jesús recogiendo sus vestiduras después de la flagelación».

 

Curiosamente la concepción de esta única y singular caída del Señor no se reseña propiamente en ningún texto o pasaje bíblico, correspondiendo a una escena apócrifa que representa el instante inmediatamente posterior a la flagelación cuando, totalmente abatido y exhausto por el salvaje castigo, el Señor se dispone a recoger sus vestiduras tiradas junto a la columna.

 

Desatado de la columna, tú caes en tierra, a causa de tu debilidad, estás tan rendido por la pérdida de tu sangre que no puedes sostenerte sobre tus pies. Las almas piadosas te contemplan arrastrándote sobre el pavimento, barriendo tu sangre con tu cuerpo, buscando, acá y allá tus vestimentas”.


«Cuando, en 1619, el místico y jesuita toledano Diego Álvarez de Paz escribía estas palabras poco podía suponer que estaba brindando una argumentación literaria de primera mano a uno de esos misteriosos y un tanto extraños temas iconográficos que, todavía aun más si cabe, hoy, ya inmersos en el siglo XXI, no dejan, desde luego, indiferente a nadie»[1].


Durante los siglos XVI y XVII la representación artística de esta iconografía se encuentra en la literatura y en tablas, telas y grabados. Sin embargo, la consolidación de modelos escultóricos y su difusión pública se encuentra a partir del siglo XVIII [2].



El capítulo 8º de la regla

Suponemos que altamente conmovido e impresionado por la visión de alguna de las representaciones artísticas del excepcional misterio, «uno de esos instantes en los que se percibe con mayor intensidad la inmensa soledad e indefensión de Cristo, frente al mundo, frente a todo y a todos, en el discurrir de aquellas interminables horas de la Pasión» [3], don Manuel de Ávalos lo eligió como elemento central para la piadosa construcción de la Esclavitud, tal como se recoge en el capítulo octavo de la regla fundacional que pasamos a transcribir.    

  


«Capítulo 8º de las prendas que ha solicitado y ha hecho para poder fundar esta Hermandad don Manuel de Ávalos y Pimentel, y para que tenga en lo futura su conservación.

Considerando hermanos carísimos vuestro más humilde hermano don Manuel de Ávalos y Pimentel quien pretende fundar esta humilde hermandad para honra y gloria de Dios y su Santísima Madre y Señora Nuestra; ayudado de su auxilio, e ilustrado con su divina luz, dispuso lo primero con sus cortas fuerzas y valiéndose de ellas, el hacer de talla cinco esculturas representando en ellas el tierno paso que padeció Nuestro amantísimo Jesús cuando le dieron los inhumanos judíos más de cinco mil azotes, y según dicen muchos contemplativos que con la mucha falta de sangre se desmayó, y al desatarle los cordeles con que estaba atado a la columna, cayó en el lado de ella …»


 

La transformación

La iconografía de Jesús recogiendo sus vestiduras implica -por propia definición-, que debió concebirse y ser esculpida con el cuerpo desnudo, mostrando los terribles estigmas del inhumano suplicio. Sin embargo, las fotografías más antiguas que se contemplan del Señor de la Merced - años 30 del siglo XX- lo muestran cubierto de túnica púrpura inapropiada respecto a la primitiva alegoría. Se desconoce si para disimular deterioros evidentes o como advierte Moreno de Soto, estas acciones pueden considerarse premonitorias de lo que se venían gestando «…lo que permite intuir que desde lejos venía esquivo el original propósito iconográfico del fundador» [4].

 



 

Posteriores fotografías de finales de los 50 y principios de los 60 reflejan una extraña evolución o transformación progresiva, de dudosa y forzada estética, hacia otro modelo iconográfico compatible con el de «Jesús Nazareno Caído» o «Jesús de la Caída camino del Calvario».

 



Singularidad

Fuera por inercias populistas de estrenos mal entendidos, euforias desmedidas respecto a las señas de identidad y el legado devocional que debía custodiarse, o cualquier otra predisposición que aquí se desconoce con certeza, los acontecimientos se fueron sucediendo hasta materializarse la sustitución de la primera escultura y su reconversión hacia una disposición semejante a la de la efigie hispalense de «Jesús de las Penas», aunque con peculiaridades que no debemos pasar por alto. 

Así entendemos la disposición atípica de la cruz portada sobre el hombro derecho y mano izquierda apoyada sobre la piedra. Aunque pudiera parecer que era la única opción, considerando que el rostro original de Nuestro Sagrado Titular se inclina a la izquierda y sería imposible la colocación de la cruz a ese mismo lado, desconcierta esta disposición por el tallista teniendo en cuenta que la recuperación del rostro de Gayón fue una decisión posterior a la hechura de la imagen completa de Izquierdo. Es decir, el imaginero no pudo prever este cambio y disponer que la cruz fuese portada en el hombro equivocado, a no ser que así se le hubiera advertido. ¿Un error del artista o una sorprendente previsión? Sea como fuere, queda claro que esta característica y el paso del tiempo le acaban confiriendo una curiosa singularidad al Señor de la Caída. 

 


 


La utopía de una recuperación

Para Rodríguez Jiménez, historiador y actual capataz del Señor, «Sólo hay que admirar la belleza serena de este rostro divino para comprender la nefasta idea de transformar la imagen de Cristo azotado y caído por la de Cristo cargando con la cruz» [5].

En palabras del investigador Moreno de Soto, «Fue a nuestro parecer aciago trueque que tiró por tierra una de las iconografías más originales y sugestivas que se prodigan dentro del ciclo pasionista representado en la Semana Santa andaluza. Una preciosa iconografía cristífera que por su carácter histórico, por el peso grave que atesoraba y la gran devoción que inspiraron, formaba parte del acervo histórico, patrimonial y cultural de todo nuestro pueblo» [6].

Este asunto trasciende del análisis iconográfico devocional y puede percibirse a todas luces como una cuestión histórica y cultural de incalculable valor para la hermandad y para la Semana Santa de Osuna. Bajo estos parámetros, ¿sería una utopía plantearse una restauración de la primitiva imagen retirada al culto sin más finalidad que la de su recuperación patrimonial y artística?

El inquietante cambio de modelo iconográfico ejecutado en 1965 no es ajeno al devenir de la cofradía hasta nuestros días y no son pocos los hermanos que sugieren la posibilidad de estudiar una hipotética restauración del primer Cristo de Gayón. Por supuesto, siempre desde el más absoluto respeto hacia la imagen devocional contemporánea que conocemos de Nuestro Padre Jesús Caído, objeto de tan extraordinaria y fervorosa admiración por el pueblo de Osuna, sobre la que no cabe ningún efecto. 

Sin ir más lejos, en el «Informe de restauración» que elabora la empresa ARS NOVA, S.L. con carácter previo a los recientes y atinados trabajos sobre Nuestros Sagrados Titulares (2016-2017), nos topamos con esta contundente cita de los historiadores y restauradores Morata Pla y Pérez Pacheco en relación al estudio de nuestro particular «Cristo de la Púrpura»[7]. Toda una invitación a la profunda reflexión de los hermanos:

«Pocas veces puede encontrarse un profesional de la conservación y la restauración con una historia material tan rica como la referente a esta imagen del Señor, porque pocas veces estos vestigios, desmembrados y arruinados, han sido atesorados por una hermandad. Esta podría verse como una primera conclusión: la necesidad de hacer ver a los hermanos de dicha corporación, y desde una perspectiva técnica, que el azaroso devenir del primero de los titulares de la corporación es, precisamente, su mayor activo patrimonial, en lo histórico, en lo artístico y en lo espiritual, pues en ella se identifica una materia artística que ha sido, además, objeto de devoción».  

 

J.C.M. 13/10/2020

 

 


[1] FERNÁNDEZ PARADA, A. SANCHEZ GUZMÁN, R. “Orígenes, desarrollos y difusión de un modelo iconográfico. Jesús recogiendo sus vestiduras después de la flagelación (siglos XV-XX)”. Cuadernos de Bellas Artes/04. Tenerife, 2012. Pág. 9.

[2] Ib. Pág. 107

[3] Ib. Pág. 10

[4] MORENO DE SOTO, P.J. “Manuel de Ávalos Pimentel, Alonso Gayón y los orígenes de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído de Osuna". Semana Santa en Osuna, 2007. Pág. 51.

[6] Ib. Pág. 51

[5] RODRÍGUEZ JIMENEZ, F.J. “Oculta iconografía (III)”. Semana Santa en Osuna, 2003. Pág. 16.

[7] "Informe de Restauración y Presupuesto. Esculturas de Jesús Caído y Ntra. Sra. y Madre de los Dolores". ARS NOVA, S.L. (2016).



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