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El centenario panteón

Las postrimerías de la segunda década del siglo XX están cargadas de acontecimientos relevantes y dignos de recordar, aunque sea someramente, para situar el contexto histórico en el que la cofradía proyecta la necesidad de construir un panteón particular destinado a dar cristiana sepultura a los hermanos.  


La Gran Guerra y la gripe pandémica

Bajo el reinado de Alfonso XIII (1902-1931), España  –que no había participado en la política de bloques que había conducido a la Primera Guerra Mundial y se encontraba aún bajo los efectos de una economía lastrada por las duras pérdidas sufridas tras la guerra hispano-norteamericana de 1898- evitó implicarse en un proceso bélico de tamaña magnitud, permaneciendo en estado de neutralidad.  

La Gran Guerra finalizaba el 11 de noviembre de 1918 con la aceptación alemana del armisticio.




El año 1918 también es mundialmente conocido por desencadenarse una terrible pandemia –la mal llamada «gripe española»- que provocó millones de muertos, asolando fronteras y todo tipo de clases sociales hasta 1920. Las condiciones de esta guerra –con el hacinamiento y el desplazamiento de tropas y soldados- parece que propiciaron la virulenta propagación del virus o gripe de la «influenza pandémica». La vulnerabilidad de los adultos jóvenes sanos y la falta de vacunas y tratamientos causaron una gran crisis en la salud pública mundial. A nuestro pesar, estas cuestiones se renuevan en nuestros días y nos resultan desgraciadamente familiares.




Osuna, como era de esperar, tampoco resultó indemne a los efectos de este terrible mal. Como muestra o recordatorio traemos unos recortes de prensa que nos documentan sobre los acontecimientos vividos, cuyo paralelismo con las circunstancias actuales no deja de sorprendernos. Con de fecha 4 de diciembre de 1918, queda publicada la siguiente nota local en la edición de Sevilla del periódico «El Liberal». 




En el mes anterior, un desconocido semanario local de aquellos años, «El Timbre», también se hacía eco de la atroz epidemia que azotaba el país con la siguiente publicación fechada el martes, 12 de noviembre de 1918. (Fuente: https://www.elpespunte.es/el-timbre-periodico-local-muy-curioso-de-1918-32188).





Se hunde el icono de la Villa

Por si el panorama global no fuera suficientemente desalentador, el año 1918 es tristemente recordado en Osuna por un fatídico suceso sobre el considerado monumento más emblemático y referente turístico local -«el gran icono de la Villa»-, la insigne iglesia colegial de Nuestra Señora de la Asunción, cuyo templo fue fundado en 1535 por don Juan Téllez Girón, IV Conde de Ureña.




En la madrugada del 18 de noviembre se produce el aciago desplome de la torre que nunca recuperaría su estado originario. La compleja reconstrucción del desastre se ejecuta en años siguientes y gracias a la mayor contribución del Capellán del Convento de la Concepción, don Luis de Soto Torres-Linero, quien donó para dicho fin un premio de la lotería con el que había sido agraciado, cual caprichoso guiño del destino.




Cuando se escriben estas líneas solo han pasado unos meses de las últimas obras de conservación efectuadas sobre la esbelta torre colegial. Estos recientes y necesarios trabajos se han dirigido a la protección interna de su estructura, así como al adecentamiento exterior de su parte más elevada que, por cierto, ha ocasionado un llamativo contraste estético por el diferente estado visible de sus cuerpos tras las actuaciones practicadas. 

Más de un siglo después del desplome, la culminación del monumento parece hoy más inviable que nunca, teniendo en cuenta la probable envergadura económica del proyecto en tiempos tan azarosos y aciagos como los actuales. 

 

El «rey de los toreros» en Osuna

A pesar de ser años muy duros, la vida sigue su curso en la Villa Ducal. Según el blog de Manuel Hernández «La Fiesta prohibida», el gran Joselito El Gallo toreó en Osuna el 13 de mayo de 1918, alternando con Curro Martín Vázquez y Limeño. Se lidiaron toros de Felipe Salas. De esta corrida en la Feria de Mayo -y en el hoy centenario coso ursaonés-, Hernández cita la siguiente crónica publicada por el diario ABC con fecha 14 de mayo de 1918:

«La entrada un lleno. Los toros de Salas, suaves y manejables. Joselito toreó lucidamente al segundo. Se adornó mucho. Puso una entera. Le ovacionaron y cortó la oreja. Al quinto le hizo una faena inteligente. Clavó una entera. Le concedieron una oreja. Los espadas salieron en hombros».


La gran figura de la tauromaquia, don José Gómez Ortega, también ha dejado una importante huella cofradiera por su conocida devoción a la Señora de la Esperanza Macarena de Sevilla. Fue tan especial la relación de la popular hermandad hispalense con el «rey de los toreros» que tras el impacto por su muerte el 16 de mayo de 1920, la Virgen de la Macarena lució ataviada de impresionante y riguroso luto, hecho insólito hasta la fecha.  



 


El problema de los enterramientos

Ya situados en el ámbito puramente cofrade, es sabido que el enterramiento de los hermanos ha sido una preocupación crucial para las corporaciones desde sus ancestrales orígenes. Nuestra hermandad no ha sido ajena a esta inquietud, como así lo atestiguan sus constituciones fundacionales en el «Capítulo 6º de los entierros que se han de hacer por los hermanos y hermanas y sacrificios que por ellos se han de ofrecer». 

Probablemente la posterior agregación de la cofradía de Ánimas Benditas del Purgatorio -incorporada a la de Nuestro Padre Jesús Caído en los albores del siglo XIX-, profundizaría más, si cabe, en estos delicados menesteres de dar cristiana sepultura a todos los hermanos de la Esclavitud.



 

Teniendo en cuenta las complicadas circunstancias de los tiempos que se vivían hacia 1918, nuestra cofradía venía barruntando posibles soluciones a las graves contrariedades existentes para el enterramiento de los hermanos

Las consecuencias de la mortal gripe, unidas a graves insuficiencias estructurales del cementerio municipal, impulsaron definitivamente que la hermandad diseñara un proyecto de construcción de un panteón de uso particular para todos los hermanos difuntos. Y para dicho fin, llegamos a la instancia que la corporación eleva al Ayuntamiento, quedando fiel constancia de la misma en las actas capitulares municipales. Concretamente en el tercero de los puntos que se abordan en Sesión Ordinaria de 10 de octubre de 1919, cuya Acta es aprobada en la siguiente sesión de la corporación municipal celebrada una semana después, el 17 de octubre de 1919, siendo Presidente don Francisco López Rueda.

 

 


«3º.- Dada lectura a una solicitud de don José Arce Barrera, de este vecindario, en que como Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído y Ánimas interesa se le concedan veinticinco metros cuadrados de terreno en el centro del tercer patio del cementerio católico en propiedad y a perpetuidad mediante el cargo de su precio, para construir un panteón particular de la cofradía donde se dará sepultura a los cadáveres de los hermanos, acompañando al efecto un diseño del mausoleo en proyecto. Se acordó que dicha instancia pase a informe de la comisión municipal de cementerio».

 



Don José Arce Barrera, hermano mayor y promotor de la construcción del panteón de la hermandad en 1919, donde precisamente reposan sus restos tras su fallecimiento hacia 1929.  

Esta fotografía pertenece al álbum familiar de su nieto, N.H. Antonio Arce Feria y su biznieto, N.H. Manuel Arce Fernández -muy conocidos en Osuna por la «Ferretería Arce»-, quienes amablemente nos la facilitan para esta publicación.




Iniciativa pionera

No disponemos de la fecha exacta de finalización de la construcción del mausoleo o de su habilitación definitiva por parte de la cofradía, pero tratándose de una sensible problemática que no admitía demora, suponemos que debió procederse con la oportuna diligencia que correspondía. En consecuencia, deducimos que el panteón ha podido cumplir el primer centenario de su existencia.


Queda demostrado que la hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído fue pionera en esta iniciativa que luego fue secundada por otras cofradías de Osuna, en unos años en los que al desventurado fallecimiento de un familiar se sumaba el desagradable problema de su difícil enterramiento.


Esta particular práctica de enterramiento de hermanos en un panteón de la misma cofradía viene de alguna manera a extender una especial devoción por Nuestros Sagrados Titulares más allá de la vida terrenal.  



J.C.M. 12/11/2020



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