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La cuarta junta

Los orígenes de nuestra estación de penitencia (II)

Siguiendo el hilo de detalles curiosos y antecedentes históricos, probablemente poco conocidos, sobre la primigenia organización de nuestra estación de penitencia y sus influencias en la actual -ver «Los Orígenes (I)»-, rescatamos la descripción original de la cuarta de las juntas contempladas en el capítulo 5º «de las juntas que ha de haber precisas en esta Cofradía o Hermandad», por ser esta la que corresponde expresamente a la procesión de la Semana Santa.

Tal como destacábamos en la primera entrega, el texto de este capítulo compagina un marcado compromiso de los hermanos esclavos con una suerte de benevolencia ante el acercamiento protagónico de los devotos respecto a los cultos de la Cofradía. Entendemos que cuando se contempla repetidamente estas situaciones en los textos originales, sería más que usual que los caballeros devotos mostraran piadoso y fervoroso interés en participar de las celebraciones religiosos de la Hermandad sin llegar a necesitar vincularse a la misma. Fuere por razones de duelo, promesa, acción de gracias o cualquier otro motivo condicionado siempre por una fuerte veneración a la portentosa imagen de Nuestro Padre Jesús Caído.

La participación durante las procesiones de estos «bienhechores» a los que se permitía incluso «si hubiere algún caballero que quisiere y quisieran los hermanos» portar el Estandarte reservado al Hermano Mayor, iban acompañadas de gestos de caridad en agradecimiento por los privilegios cedidos, tal como se expresa respecto al pago, en concepto de limosna, de lo que sería una tradicional cena de celebración de los hermanos tras la finalización de la estación de penitencia de la Semana Santa.  

Al mismo tiempo, puede observarse como el texto refleja la diligencia y esmero que debían cuidar todos los hermanos durante la organización y celebración de los cultos presididos por el Fundador, incluyendo una compensación en caso de no asistencia, muestra de la disciplina que se colige de las normas escritas para regir el «cuerpo de Hermandad».

 


 «La cuarta junta ha de ser la Semana Santa en el día que saliere la procesión, donde es preciso que vayan también todos para la función de este día, han de ir haciendo cuerpo de Hermandad todos con sus túnicas y hachas en la mano alumbrando al Señor. Y el Fundador llevará su escudo en esta función y en las demás que se ofrecieren, y todos los demás Hermanos han de llevar en el pecho el nombre de Jesús y de María, de plata o bordados y si hubiere algún caballero que quisiere y quisieran los hermanos que lleve el Estandarte, sin título de Hermano Mayor, dando de limosna la cena del convite de la caballería se podrá admitir. Y entonces irán todos los hermanos acompañando a nuestra Señora por darles el mejor lugar a los bienhechores. Y no habiendo devoto que haga esta limosna, llevarán siempre el estandarte de Nuestro Padre Jesús y los hermanos en su acompañamiento.

Los pasos que han de salir en esta procesión han de ser el de Nuestro Padre Jesús Caído, Nuestra Señora de la Soledad y San Pedro llorando. Y finalmente, en las dichas cuatro juntas es preciso se hallen todos los hermanos y si no se hallaren no teniendo impedimento preciso, se multarán en tres libras de cera para Jesús.

Las demás juntas que son precisas se hagan para tomar cuentas de los cargos y descargos de la limosna de esta Hermandad, las determinará la Junta cuando conviniere». 


J.C.M. 17/07/2020




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