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Las manos abiertas de 1962

Es bien conocido que Nuestra Dolorosa fue concebida originalmente con las manos entrelazadas. No obstante también hay constancia, por antiguas fotografías y vivencias de hermanos veteranos, que llegó a contar con unas manos separadas desde tiempo lejano, aunque presentaban el inconveniente de resultar pequeñas.

La hechura del juego de manos abiertas que conocemos y con las que luce actualmente Nuestra Sagrada Titular, se hizo realidad a principios de la década de los 60 del pasado siglo. Pero, ¿quién las esculpió? ¿Qué circunstancias rodearon ese trabajo?

No es intención de este artículo entrar a debatir qué tipo de manos –abiertas o cerradas- son más apropiadas o aconsejables, sea para el lucimiento de Nuestra Señora y Madre de los Dolores, sea para su mejor conservación, o para cualquier otro elemento de consideración técnica. Con estas líneas simplemente pretendemos aclarar dudas y creencias respecto al origen y la autoría de las manos que Nuestra Sagrada Titular luce desde la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días.

Si bien está bastante extendida la narración de que «los encargados de separar las manos de la Virgen» fueron familiares del afamado Antonio Castillo Lastrucci, hoy podemos situar esta atribución en el terreno de la leyenda popular, allí donde se repiten supuestos hechos de forma imprecisa y alejada de lo sucedido realmente.

Movidos por la intriga de desentrañar este curioso asunto, hemos tenido la oportunidad de realizar verificaciones en el entorno familiar de los descendientes actuales del genial Lastrucci y se han recabado testimonios entre algunos de nuestros mayores hermanos que han resultado decisivos para la reconstrucción de los sucedido.

Si bien la creencia popular de su realización en el taller sevillano de Lastrucci no estaba exenta de atractivo, hemos tenido acceso a otro relato que no desmerece en interés y peculiaridad. Así, se cuenta la anécdota de que en la antigua taberna del "Piojo Verde" se improvisó una tertulia de hermanos junto al escultor sevillano Antonio Izquierdo Venegas, quien se encontraba de paso hacia la Costa del Sol; precisamente a donde se dirigía para entregar unas manos abiertas a una Virgen malagueña. Según los testimonios, nuestros entusiastas hermanos pudieron llegar a convencer al escultor sevillano, en un clima de euforia y exaltación cofrade, para que desistiera de su viaje a Málaga y dejara las manos a cargo de Nuestra Hermandad.  

Desconocemos qué día tuvo lugar esta singular historia y cómo terminó realmente la negociación. No podemos documentar si esas mismas manos fueron las que se quedaron para Nuestra Dolorosa como aseguran los testimonios, pero sí podemos dejar constancia del contrato por el que, en un plazo reducido de tiempo -prácticamente un mes-, Antonio Izquierdo se comprometió a la colocación en Osuna de las manos y los brazos, así como la reparación del candelero de Nuestra Señora de los Dolores antes del 1 de abril de 1962. Por tanto, pudo lucir dicho estreno desde la Semana Santa de ese año.






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