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Si Dios te llama a ser sacerdote...

publicado a la‎(s)‎ 5 abr. 2014 11:43 por Secretario Jesús Caído
Virgen del Buen Aire. Seminario Metropolitano

    Hace unos días llegaba a la Hermandad una comunicación del Seminario Metropolitano de Sevilla en la que se nos pedía que incluyéramos la carta que recogemos a continuación en nuestro boletín de Cuaresma. Lamentablemente la confección del boletín ya estaba en su última fase y no pudo incluirse, es por ello por lo que atendiendo a las peticiones del Rector del Seminario de darle a la misma la máxima difusión posible, la publicamos en este espacio de nuestra web en esta fecha tan señalada. La carta, que se titula como pone la entrada "Si Dios te llama a ser sacerdote" dice así:

    Si Dios te llama a ser sacerdote... no mires para otro lado. Lo que sientes en tu corazón es algo bellísimo y muy verdadero: Dios mismo toca tu corazón, distinguiéndose con un amor sigular. Es Jesús, el Señor, quien te ofrece su amistad. De algún modo, como a los Apóstoles a orillas del lago de Galilea, hoy eres tú quien recibe la mirada del Señor que se dirige a tu corazón para decirte: "Déjalo todo. Ven y sígueme". Jesús te llama para que estés a su lado, compartas los gozos de su Divino Corazón, y des tu vida en favor de los hombres partiendo el pan de la Eucaristía y el don de la Misericordia. ¿En qué cosa mejor podrías gastar la vida?
    Si Dios te llama a ser sacerdote... que no te enreden. Serán muchos los que intenten persuadirte con un caudal de prevenciones; y alguna risita. Tristemente, no todas las familias entienden el don inmenso que Dios les hace al distinguir a un hijo suyo con la vocación sacerdota; Tampoco todos los amigos se comportan como tales cuando reciben una confidencia semejante. Son momentos delicados, donde puede ser que el ambiente se llene de ruidos hasta el punto de ahogar toda ilusión: -Tú primero estudia una carrera, ya más adelante... Incluso alguno puede decirte aquello de que para ser buen cristiano y ayudar a la gente no hace falta meterse a cura. Ciertamente, no parecen buenos tiempos para que un joven declare abiertamente que quiere ser cura. En esos momentos, recuerda: la vocación es tuya. A quien Dios se dirige es a ti. Con quien Dios cuenta es contigo. De quien Dios espera una respuesta es de ti. Que nadie te robe tu vocación.
    Si Dios te llama a ser sacerdote... no tengas miedo. Quien te ha llamado para que estés a su lado no te dejará nunca solo. Sus palabras fueron: "Tu, ven conmigo". De tal manera que ya no caminas en soledad, sino en la compañía de su amistad. Ten la certeza de que el Señor estará siempre a tu lado. Y si Jesucristo está a nuestro lado, ¡por qué temer! Ponte en sus manos y confía. Dios mismo se encargará de abrir los caminos y romper tus miedos y temores.
    Si Dios te llama a ser sacerdote... hará fecunda tu vida y llenará tu corazón de un gozo sin igual. No tengas la menor duda, lo que Dios pne ante ti es un horizonte de plenitud. Jesús quiere hacerte partícipe de todo su amor, de la fuente misma del amor que es su Divino Corazón ¿Quién mejor que el Señor, que conoce nuestros corazones, podrá llenarlos y saciarlos hasta el fondo?
    Si Dios te llama a ser sacerdote... responde con decisión. Busca algunos momentos de intimidad con el Señor en el Sagrario, alimenta tu oración personal con la lectura de la Palabra de Dios, vive con mayor interés e intensidad los sacramentos, especialmente la Eucaristía, y procura contar con un director espiritual con quien puedas hablar de tu vocación y de cualquier inquietud que surjan en tu interior.
    Dios no está mudo en nuestros días como algunos pretenden. Le duele nuestra humanidad, escucha nuestros lamentos y atiende a nuestras súplicas. El Señor responde a todos nuestros ruegos suscitando vocaciones en su Iglesia, capaces de entregar generosamente su vida para que en medio de nuestro mundo hagan visible su rostro de amor y misericordia. Por eso, yo confío en ti, joven; y confío en nuestras hermandades y cofradías, en la vitalidad de su fe. Que realmente cada una de nuestras hermandades vengan a ser un hogar de vida cristiana donde, mediante la oración y los sacramentos, la formación y el ejercicio de la caridad, surjan numerosas y santas vocaciones.

Miguel Ángel Núñez Aguilera
Rector Seminario Metropolitano
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