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Una cuaresma difícil de olvidar

publicado a la‎(s)‎ 16 mar. 2020 10:28 por Secretario Jesús Caído   [ actualizado el 16 mar. 2020 10:59 ]
En estos tiempos tan inquietantes, queremos compartir con todos los hermanos esta magnifica reflexión cuaresmal que nos regala nuestro hermano y seminarista diocesano Aniceto Vadillo.



“Dulce Redentor, mis pecados tu hombro oprimen, ya lloro mis culpas y pido perdón. Madre afligida, de pena hondo mar, logradnos la gracia de nunca pecar”

 

Ya han pasados unas semanas de esta cuaresma de la que estoy seguro no será fácil de olvidar. Los tristes acontecimientos no deben despistarnos de que estamos ante un tiempo de preparación y conversión en el que nos abrazamos a la cruz de Cristo en la búsqueda de su perdón y reparación de nuestros pecados. Es necesario preparar nuestro corazón para los días en que conmemoraremos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.


Este año no olerá a incienso la Iglesia de Santo Domingo, ni veremos ese monte de lirios, ni a Nuestra Madre sobre ese palio de flores, tampoco plancharemos nuestras túnicas, ni serán amarradas las almohadillas… pero no olvidemos que todo eso no agota la Semana Santa. Cristo no se agota. Él vive para siempre y nosotros no somos meros espectadores de ÉL, sino que formamos parte de Él. Déjale entrar en tu corazón, permítele que cambie tu vida, que te enseñe a descansar en Él para que cuando lleguen esos días en los que la cruz venga a nosotros, nuestro corazón no tiemble, porque estando a su lado, no tenemos nada que temer.

 

Recemos por la pronta regresión de este virus, por los enfermos, por los sanitarios, por las familias afectadas, por la economía del país y porque deje de haber afectados. Nuestras oraciones no caen en “saco roto”. Aunque este la Iglesia cerrada por motivos de seguridad sanitaria, recuerda el Evangelio de Mateo:

"Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve En lo secreto, te compensará” (Mt 6, 6)

Este año Jesús volverá a caer. Y lo hará en cada uno de nuestros corazones. Nosotros (los caídos) ya lo sabemos…. cada vez que caemos, vuelve a caer con nosotros… y lo hace para levantarnos, para entregarnos su Espíritu y agarrarnos fuerte de su mano.  Hermanos, hagamos de esta atípica cuaresma y Semana Santa un instrumento para acercarnos al Señor y que esa cercanía sea para siempre. Dejémonos guiar por Nuestra Madre de los Dolores, que no cesa de interceder por nosotros “sus caídos hasta la eternidad”. 





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