Nuestra Señora y Madre de los Dolores

  
   
La talla de Nuestra Señora y Madre de los Dolores es una imagen de vestir de candelero de entre los siglos XVIII y XIX. Se trata de una Imagen cuya autoría ha sido tradicionalmente atribuida al imaginero Gabriel de Astorga -entre estas atribuciones figura la del catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla Don José Roda Peña-. Sin embargo, el investigador José Luis Romero Torres la sitúa con una datación más remota aún. A continuación recogemos un resumen de su investigación llevada a cabo a este respecto:

    La Virgen de los Dolores es una escultura de vestir que había encargado Fray José de la Santísima Trinidad, Comendador o Padre Superior del convento de frailes descalzos por su devoción a María dolorosa. Este religioso propuso a la Hermandad de Jesús Caído el cambio de su antigua advocación de la Soledad por la de los Dolores, además de la participación por igual, entre la Hermandad y la Orden de la Merced, en el coste de 992 reales por la realización y el transporte de la escultura desde Málaga en 1792.


    José Luis Romero Torres toma como referencia la fecha de 1792 para descartar atribuciones anteriormente realizadas. Por una parte la de Juan de Astorga (al que tradicionalmente se le ha relacionado), artista que había nacido en Archidona tan solo trece años antes, por lo que es imposible que fuera su autor. Por otra parte, la del escultor malagueño Fernando Ortiz (por la semejanza con la Virgen de la Amargura de la hermandad malagueña de Zamarrilla, erróneamente relacionada con este escultor), que había fallecido veintiún años antes de la citada fecha.

    En esos años finales del siglo XVIII destacaban en Málaga tres escultores: Antonio de Medina, Francisco de Paula Gómez de Valdivieso y Salvador Gutiérrez de León. Por los rasgos formales de la Virgen de los Dolores, José Luis Romero la considera como obra de la primera etapa artística de Salvador Gutiérrez de León, cuyo modelo estético continuaron las siguientes generaciones de escultores de su familia (hijo, nieto y biznieto), lo que explica la pervivencia de recursos compositivos y expresivos en imágenes femeninas posteriores, como la Virgen de la Amargura de Zamarrilla, atribuida ya hace años a esta familia.

    Romero Torres, José Luis: El escultor Fernando Ortiz, Osuna y las canteras barrocas, Cuaderno de Amigos de los Museos, Patronato de Arte de Osuna, Osuna, 2009.


   

    Se trataría pues, de una Imagen de una importancia capital dentro del modelo imaginero mariano, pues adelantaría el canon de las imágenes de vestir que tradicionalmente se ha venido dando en Andalucía desde esas fechas, lo que se ha venido denominando "el modelo de Virgen sevillana", del cual Juan de Astorga es su principal exponente.

    En su morfología, la Virgen mira hacia arriba con la cabeza ligeramente ladeada hacia la izquierda. Las manos originales de la Virgen son entrelazadas, como se observa en alguna de las imágenes de más abajo, aunque también cuenta con un juego de manos abiertas que datan del año 1961 obra de Antonio Lastrucci -sobrino de Castillo Lastrucci- y que son las que, hasta 2006, año de la recuperación y restauración de las manos originales de la Virgen, tradicionalmente ha venido luciendo.

    La expresión del rostro de la Señora nos muestra un sereno, aunque profundo dolor y llanto, con tres lágrimas que brotan por las mejillas de la imagen. El tono de la mascarilla es predominantemente en tonos claros, con ligero sonrosamiento de las mejillas. Según los investigadores su policromía es la original.

    De la Virgen se tienen constancia de dos restauraciones, una de 1991, obra de Ventura Rodríguez y la más reciente entre enero y febrero de 2017 llevada a cabo por Ars Nova Restauraciones S. L. , con Doña Eva Morata Pla y Don Fabián Pérez Pacheco como restauradores tras, junto con la propuesta de restauración del Señor, ser aprobada en cabildo general de hermanos. En esta última se le ha eliminado la suciedad del rostro, así como diversas pátinas amarillentas. De igual manera han sido subsanados mediante estucado y repintado los numerosos alfilerazos que había sufrido la talla en la cabeza y el pecho. La Virgen de los Dolores fue repuesta al culto el 18 de febrero de 2017 en la iglesia de Santo Domingo, siendo los trabajos de restauración bendecidos por Nuestro Director Espiritual y Párroco Don Antonio Jesús Rodríguez Báez en una misa de acción de gracias especialmente dedicada a este fin.


    El ajuar de Nuestra Señora y Madre de los Dolores es extensísimo, tanto en sayas, como en pañuelos, rostrillos, mantos, joyas y puñales. De entre todo el ajuar, destacan, por una parte dos de las tres coronas, una de ellas, la de salida y más antigua, realizada en plata sobredorada, y otra en plata. Por otra parte, resaltar el gran número de sayas de la Virgen, muchas de ellas realizadas por nuestro Hermano Mayor Honorario, don Joaquín Araúz. El sábado de nuestro triduo de Cuaresma de 2017 fue presentada y bendecida una nueva saya elaborada por el bordador sevillano Don Vicente Ramos Cadaval, cuyo dibujo está insipirado en una valiosísima saya que poseía la Virgen del siglo XIX. También es amplio el catálogo de mantos de la Virgen de entre los que destaca el manto de salida, de terciopelo azul y oro, confeccionado en 1914 por las hermanas del convento de San Pedro de Osuna, y restaurado en los años ´60 del siglo XX.   

 
   
    Nuestra Señora y Madre de los Dolores procesiona en portentoso paso de plata realizado en 1982 por el orfebre sevillano Manuel de los Ríos con varales de los talleres de Villarreal que datan de los años ´60. El palio, de terciopelo azul y bordados en oro, tiene su techo y bambalinas dorados. Los motivos dorados del palio en su parte exterior son una recuperación desde la túnica de cola que tenía el Señor para su salida procesional cuando aún procesionaba atado a la columna. El frontal del mismo lo rematan el escudo de Osuna, el escudo de la orden de la Merced y la Corona Real. Un detalle a tener en cuenta, es que cada varal del palio fue donado por hermanos y devotos de la Señora, constando el nombre de cada donante en la base de los mismos.