La capilla familiar y la teoría del enterramiento del fundador


En esta misma sección de nuestra web corporativa dimos a conocer, en fechas recientes, un artículo que añade datos inéditos sobre el fundador de nuestra Real Esclavitud Mercedaria, don Manuel de Ábalos y PImentel. Se recomienda su lectura para ubicarse mejor en esta entrega.

Tras arduas investigaciones seguidas en los archivos parroquiales de Nuestra Señora de la Asunción, rastreando en los libros eclesiásticos de enterramientos para la localización del registro de su defunción y las circunstancias en que se produjo —lo que hubieran aportado mucha luz sobre el personaje, como la fecha exacta, su edad, dónde se enterró o la posible causa del óbito—, nada pudo lograrse. A nuestro pesar, la búsqueda resultó infructuosa.

Concluimos aquella publicación teniendo que reconocer esta realidad y sugiriendo la posibilidad de que sus mortales restos hubieran encontrado acomodo en la misma iglesia de la Merced, dado que la cofradía contaba con capillas en propiedad en las que poder realizar enterramientos.

Retomamos aquí este hilo argumental, bajo la teoría de que los rectores de la corporación bien pudieron dar privilegiado y honroso destino, en suelo mercedario, a quien había germinado la fervorosa devoción fraternal hacia nuestro divino pastor Jesús Caído. Ahora bien, ¿dónde exactamente? 

Desafortunadamente no se han podido localizar asientos registrales que confirmen la hipótesis formulada. Sin embargo, veremos las alternativas sobre las que sí existe constancia documental. 

La capilla de la Santa Cruz

Sabemos de forma fehaciente —tal como reza en los anales de la cofradía— que la donación de este oratorio mercedario se formalizó de este modo:

«8 de marzo de 1760. Según documento de esta fecha que consta en los archivos de la corporación, se suscribió escritura para formalizar la donación a la Cofradía de «la Capilla de la Santa Cruz» en la iglesia de la Merced por parte de doña Engracia de la Pera, motivada por su gran devoción a Nuestro Padre Jesús Caído y sin más contraprestación que la de ser enterrada en su bóveda a su fallecimiento.»

La misma fue heredada en 1742 por doña Engracia tras fallecer su hijo a corta edad, y decidió suscribir este favor de cesión considerando que «sería muy conveniente donarla para sí y sus cofrades quienes pueden cuidar de ella y del culto correspondiente por especial devoción que a dicha imagen de Nuestro Padre Jesús Caído tengo».

La heredera hacía constar expresamente que la entrega se realizaba de forma desinteresada: «sin más carga, pensión ni obligación que la de haberme de enterrar por mi fallecimiento en dicha bóveda sin haberme de llevar por ello ni a mis herederos derecho ni expendio alguno para que en ella dicha cofradía puedan poner la imagen de Nuestro Padre Jesús Caído y otras que les parezca y tenga por conveniente cuidar de su conservación, adecentamiento y de su aseo y adorno y usar de ella y de su bóveda como dicha cofradía tenga por conveniente».


La hipotética cronología de Ábalos

Nuestro fundador pudo nacer en Granada a mediados del siglo XVII, hijo del capitán Jorge Pimentel y de Beatriz de Estrada, oriundos de la ciudad iliberitana. En 1676 casó y tuvo descendencia en Osuna. A pesar de que los contrayentes compartían las mismas raíces granadinas, el párroco que suscribe, don Alonso González Coronel, los identifica simplemente como «vecinos de Osuna», lo que nos hace pensar que estarían afincados ya en la Villa Ducal cuando vienen a contraer matrimonio»

Haciendo cábalas con los escasos datos conocidos, nos parece razonable estimar que el personaje pudo casarse bastante joven, rondando la mayoría de edad. Siguiendo esta suposición, su fecha de nacimiento podría situarse cercana a los años sesenta del siglo XVII. La fundación de la Hermandad sería una determinación propia de una persona en plena madurez vital. 

Los posteriores escritos localizados sobre su actividad como intendente de los duques de Osuna, fechados entre 1736 y 1740, nos llevan a estimar que —para entonces— el personaje tuviera una edad muy considerable para los tiempos que corrían..   

Desliando este supuesto nudo cronológico, cuando se formaliza la cesión de la capilla de la Santa Cruz en la Merced es más que probable que el Fundador hubiera podido fallecer bastantes años atrás. Esto explicaría que en los documentos notariales de la cesión de esta capilla no aparezca ninguna reseña a don Manuel de Ábalos. 

Descartada esta posibilidad, aún existe otra opción que puede alimentar nuestra teoría.

La primera capilla familiar

Tal era la sintonía familiar de Ábalos con sus tíos —Francisco García Calvo, Alguacil Mayor de la Real Justicia de la Villa y Josefa de la Fuente y Guerra su mujer—, que éstos tuvieron a bien donar el uso de una capilla que poseían en el convento mercedario para exponer al culto a Jesús de la Caída. Según Moreno de Soto*, cuando se firmaron las Reglas, en la capilla tenían además de una lámpara de plata y un frontal, una pintura de Jesús atado a la columna. Es decir, esta capilla debió ser cedida en tanto se fundaba la Esclavitud.

Ya se ha señalado la creencia de que Ábalos debía ser bastante joven cuando se desposa en 1676, dados los posteriores hallazgos documentales relacionados con los intereses administrativos de su intendencia. Puede que por esta misma razón y encontrándose desplazado de su tierra natal, sus referidos tíos —que contaban con una capilla en el templo y seguramente guardaran magníficas relaciones con la Orden—, llegaran a sobredimensionar los fervientes anhelos de don Manuel hasta la fundación de la Esclavitud, ejerciendo un particular «mecenazgo». 

La armonía familiar y, en especial, la sublime conjunción de ideales religiosos, explicarían la rápida cesión de la capilla al sobrino y, por ende, a la hermandad. Según afirmaba Juan J. Rivera** —el llamado Cronista de la Villa—, don Manuel de Ábalos «consiguió de su tía doña Josefa de la Fuente y Guerra, le cediera una capilla que dicha señora tenía en la Merced, para colocar la imagen de Jesús Caído».

Sería bajo esta capilla familiar —cuyo nombre desconocemos— donde bien pudiera haberse dado cristiana sepultura al fundador de la cofradía.

El documento  

Para finalizar, pasamos a mostrar cómo transcurrió esta cesión en origen y cómo, a iniciativa del fundador, se planteaba con carácter circunstancial hasta que la hermandad pudiera llegar a adquirirla —esa u otras del templo— en propiedad. Prueba de la referida provisionalidad es la advertencia final sobre los ornamentos que formaban parte de la capilla.

Así queda fielmente relatado en las fuentes originales de los textos fundacionales el asunto de la capilla familiar:

«Y viendo que era menester una Capilla donde colocar al Señor, el dicho don Manuel de Ábalos y Pimentel, llegó a sus tíos don Francisco García Calvo y tía Josefa de la Fuente y Guerra y les suplicó que una capilla que tienen en dicho convento de Nuestra Señora de la Merced, se la diesen para colocar en ella la Imagen de Nuestro Padre Jesús de la Caída hasta tanto que la hermandad o cofradía tuviesen para comprar otra u otras de las que hay en dicho convento de Nuestra Señora de la Merced o esta misma, y le ofrecieron a dichos tío sus dichos tíos don Francisco García Calvo y doña Josefa de la Fuente y Guerra su mujer al dicho sobrino don Manuel de Ábalos y Pimentel una lámpara de plata y un frontal de raso, prendas que hoy tiene la dicha capilla, y en llegando el caso que la hermandad saque al Señor de la capilla y lo demás que hicieren los hermanos, dejarán en dicha capilla la lámpara de plata, el frontal y un lienzo con la pintura de Jesús atado a la columna que en las alhajas que al presente tiene dicha capilla.»


J.C.M. 27/11/2021




Historia/ Archivo documental/ Entre la cofradía y la intendencia

Historia/ Anales de la Hermandad (1760)

Historia/ Archivo documental/ La capilla de la Santa Cruz en 1760

*MORENO DE SOTO P.J.: Manuel de Ávalos Pimentel, Alonso Gayón y los orígenes de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído.Revista de Semana Santa de Osuna, 2007. Página 56

**RIVERA AVALOS, J.J.: Pregón de Semana Santa de Osuna. Junta de Hermandades. Osuna, 1960.Página 14