Apuntes sobre San Pedro y la Cofradía

Empezaremos reconociendo que el simple propósito de escribir sobre este asunto ya es de una temeridad considerable. Las inexistentes referencias documentales y el paso del tiempo lo han convertido en un arcano casi absoluto del que únicamente podemos apuntar meras hipótesis. Aun así, trataremos de no desfallecer en el intento, con la esperanza de que estas elucubraciones -quién sabe- puedan iluminar o inspirar futuras líneas de investigación.

La única reseña conocida que ha perdurado hasta nuestros días es la fascinante cita que se intercala, cual apéndice, entre el extenso repertorio de intitulaciones que conserva la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído, y que dice así: 

«...Cofradía de las Negaciones y Lágrimas del Señor San Pedro...».


Desde su erección canónica en 1705, nuestra Esclavitud se rigió hasta 1985 por las primitivas reglas y ordenanzas que fueron redactadas por el fundador, don Manuel de Ábalos y Pimentel. En ellas, se venía empleando una denominación abreviada de la Esclavitud: «Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído ó de la Caída» o «Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído y Ánimas».

En 1985, transcurridos 280 años de su fundación, las reglas tuvieron que ser reformadas por una disposición del Arzobispado de Sevilla, firmada por su titular, fray Carlos Amigo Vallejo, en fecha 29 de junio, precisamente solemnidad de San Pedro y San Pablo. Desde entonces, la corporación tiene a bien incorporar, pormenorizadamente, todas las advocaciones vinculadas históricamente a la cofradía, quedando intituladas al modo que conocemos.

En la reformulación de las reglas de 1985 se recogía la siguiente argumentación, contenida en la regla 4ª del capítulo I : 

«...y finalmente el Apóstol San Pedro, meditándolo en sus Negaciones y Lágrimas, en la casa del Pontífice, en ese misterio de la Pasión del Señor que escogió nuestro Fundador como constitutivo de la Fe y Piedad de los esclavos, sus hermanos»

Este mismo texto se mantiene en la reciente aprobación de nuestras reglas de conformidad con la legislación canónica vigente.

Quizás el prolijo y barroco título completo de la Hermandad solape las inequívocas líneas -«Cofradía de Nazarenos...»- descriptivas de una corporación dedicada a fomentar la devoción cristiana en torno al arrepentimiento de Simón Pedro. Es decir, una cofradía que practicaba la devoción al discípulo atormentado y que, de algún modo, encuentra cobijo en nuestra Esclavitud. 

Como es natural, partimos de considerar que la mención no es gratuita ni ornamental, sino que su inclusión en el título oficial de la cofradía responde a una coyuntura con validez real, como así nos consta con el resto de advocaciones intituladas. Desde esta obviedad, concebimos que la invocación puede corresponder a una arcaica cofradía en estado residual. Tal vez sin persistencia ni datos de filiación, pues no ha trascendido referencia identificativa de esta agrupación religiosa en las constituciones fundacionales. Puede que no contara con aprobación eclesiástica, o la acción de los expedientes gubernamentales dirigidos a la depuración de cofradías de aquellos tiempos hubiera provocado su práctica consumación tiempo atrás. 

En este desdibujado y decadente encuadre que imaginamos, nuestra Esclavitud pudo incorporar la imagen del Señor San Pedro para sus procesiones, con un carácter puramente testimonial y simbólico, tomando la misma como único vestigio conservado de una primitiva corporación.


La iconografía

Santa Brígida de Suecia plasma en el Libro Cuarto de sus Revelaciones un pasaje de capital importancia para entender los orígenes de la iconografía de Cristo atado a la columna con San Pedro arrepentido [1]. En este místico texto del siglo XIV, San Pedro le narra a Santa Brígida cómo transcurrió su negación en el patio de Caifás y tras recapacitar en su arrepentimiento, corre en su búsqueda. Esta narración avalaría la posterior plasmación artística de las escenas fusionadas de la flagelación y el arrepentimiento de San Pedro [2].

En las constituciones originarias de la hermandad de 1705, se indica que la Esclavitud efectuaba sus cultos y procesiones con tres pasos: 

«el de Nuestro Padre Jesús Caído, el de Nuestra Señora de la Soledad y el de San Pedro llorando».

De ahí que el momento de la Pasión elegido para la iconografía original de la cofradía es aquel en el que «Simón Pedro lloró amargamente tras oír el canto del gallo, en el patio de la casa del pontífice Caifás». No obstante, no se concibe ni representa un misterio de Jesús Caído junto a San Pedro llorando. Se habla de tres pasos claramente diferenciados.

Por tanto, aunque originalmente el fundador encargó cinco imágenes auxiliares, dos ángeles y tres sayones, que acompañarían al Señor de la Caída en la conformación de un «paso de misterio»[3], la imagen del Apóstol Pedro no formaba parte del mismo. Esta diferenciación resulta acertada respecto a los textos de los evangelios canónicos y apócrifos, pues la plasmación conjunta de Cristo atado a la columna junto a Simón Pedro arrepentido no parece muy atinada, aunque esa iconografía exista [4].

Se desconocen las características formales o estéticas del simulacro del Apóstol atormentado por sus negaciones. En las reglas fundacionales tampoco hay referencias a cuestiones de autoría, encargo, hechura, cesión o adquisición alguna de esta figura. Ni siquiera se relaciona su existencia en los inventarios más antiguos conocidos, a pesar de formar parte del cortejo procesional de la cofradía desde sus inicios. Es decir, sabemos que la imagen no queda inventariada por la Esclavitud, por lo que no llega a ser de su propiedad directa. Ni por adquisición, ni por apropiación.

El mismo culto en localidades próximas

Si bien la alegoría del apóstol en sus meditaciones y arrepentimiento no es muy conocida, existen cofradías que rinden este mismo culto en localidades próximas a la Villa Ducal. 

En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de la vecina localidad de Estepa tiene su sede, desde 1674, la Hermandad de las Lágrimas de San Pedro. Esta imagen titular data de principios del siglo XVII, siendo de autor desconocido. Su representación es así descrita por la propia Hermandad estepeña [5]:

«...la imagen a la que damos culto representa una iconografía especialmente significativa y que tuvo una excepcional importancia en la Contrarreforma, al ver en ella un importante testimonio del valor sacramental del arrepentimiento y la penitencia para la salvación del pecador. Se trata de las tres negaciones y el consiguiente arrepentimiento, que nuestra venerada imagen, aunque de vestir, enteramente tallada, y representa a San Pedro arrodillado, en amargo llanto, las manos prietas, y el rostro implorando perdón, con la mirada perdida hacia la celestial altura. En el paso procesional, junto a la imagen del Santo, aparece el gallo, que viene a remarcar el pecado y su arrepentimiento, y cuya presencia aparece ya desde los primeros tiempos y es ampliamente utilizada, siendo frecuente se represente sobre un pilar o columna, sobre una roca, junto al Apóstol, o entre éste y Jesús.»

En la cercana ciudad de Écija y con sede en la Parroquia de Santiago, procesionaba en un mismo paso el conjunto de Cristo atado a la columna con San Pedro arrepentido, al formar parte de los titulares de la Hermandad de la Expiración. Esta cofradía ha realizado imágenes recientes para representar la escena en la que Jesús acaba de mirar a Pedro tras su triple negación, perdiéndose de esta manera la iconografía primigenia en aras de una mayor concordancia con los evangelios canónicos [6].

El destino de la imagen

Si decíamos que el origen del simulacro del Apóstol es un absoluto misterio para la cofradía, no lo es menos su destino. Las incógnitas se acumulan. ¿Qué fue de esta imagen de San Pedro de las Lágrimas y Negaciones? ¿Hasta cuándo estuvo procesionando? ¿Atesoraba alguna calidad artística digna de mención? ¿Dónde fue a parar y en qué momento?

Hay quien sitúa su desaparición a consecuencia del expolio sufrido en la iglesia de la Merced en los años que siguieron a su fatídico derrumbe y hasta su restauración. Pero tratándose de la segunda mitad de los años 60, el hecho de que no hayan trascendido imágenes fotográficas ni recuerdos de antiguos hermanos, nos hacen pensar que su desaparición debió ser bastante anterior.

Sabemos que en 1835 los frailes mercedarios hubieron de abandonar el convento mercedario a consecuencia de la exclaustración promovida por la Desamortización de Mendizábal. ¿Es posible que ésta -y otras posibles venerables imágenes que se hallaren en el convento-, fueran repartidas en otras iglesias o conventos, donde pudieran seguir recibiendo culto por la feligresía? Esta hipótesis no encuentra acomodo en el «Inventario de la iglesia y de los demás objetos consagrados al culto pertenecientes a suprimido Convento de la Merced de esta Villa de Osuna...» [7] ¿Quiere decir que ya no obraba esta representación de apóstol en el convento? Si, como presuponemos, ya pertenecía a una cofradía de considerable antigüedad, su datación sería bastante superior a los 130 años que ya habían transcurrido -sólo- desde la fundación de la Hermandad hasta la exclaustración de los mercedarios. No extrañaría así que un posible y natural deterioro del simulacro provocara el desuso de la misma en los cultos y procesiones de la Esclavitud; incluso pudieron los frailes recomendar su retirada de los altares conventuales si su estado era poco decoroso. Desafortunadamente, la originaria cofradía de nazarenos de las negaciones y lágrimas del Señor San Pedro no estaba en condiciones de velar por un decrépito patrimonio.


Y San Pedro Nolasco

Es conocido que otro San Pedro está vinculado estrechamente a los orígenes de nuestra hermandad y con una curiosa historia relacionada también con el Apóstol Pedro. Se trata del fundador de la Orden de la Merced, Pedro Nolasco.

Justamente en una hornacina de la capilla de Nuestra Señora de la Soledad en la iglesia de Santo Domingo, donde reciben culto Nuestro Divino Pastor Jesús Caído y Nuestra Señora de los Dolores, puede contemplarse una escultura de Nolasco que procede de la desacralizada iglesia del barrio de la Merced.


La biografía del Santo mercedario nos dice que en 1218 la Virgen María se le apareció para que fundara «la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de cautivos», cuyos miembros llevarían un hábito blanco en honor a la pureza de María.

Según se refiere en la Historia General de la Orden de Fray Alonso Remón (Madrid, 1618), Pedro Nolasco ardía en deseos de ir a Roma para visitar el sepulcro del Apóstol, y por tres noches consecutivas tiene una serie de visiones místicas. En una de ellas, se le apareció San Pedro crucificado cabeza abajo, instándole a permanecer en España, «donde tenía mucha labor que hacer» [8].

La imagen de la derecha corresponde a la «Aparición de San Pedro a Pedro Nolasco», obra de Francisco de Zurbarán (1629) que puede contemplarse en el Museo del Prado. 


J.C.M.  8/05/2021


[1] REYES DE LA CARRERA, MANUEL R.: «La iconografía de Cristo atado a la columna con San Pedro arrepentido en las Hermandades de Sevilla y su Provincia». XIV Simposio sobre Hermandades de Sevilla y Provincia. Sevilla, 2013. p.45.

[2] Ib. Cit. REYES DE LA CARRERA, MANUEL R. p.46

[3] «El paso de misterio en el año fundacional» www.jesuscaidoosuna.es

[4] Ib. Cit. REYES DE LA CARRERA, MANUEL R. p.42

[5] www.hermandadesanpedro.com

[6] Ib. Cit. REYES DE LA CARRERA, MANUEL R. p. 59

[7] Inventarios de bienes conventuales de Osuna. Convento de la Merced (1835). Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

[8] Fábulas de Velázquez. Mitología e Historia Sagrada en el Siglo de Oro / edición a cargo de Javier Portús Pérez, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007, p.322