
La Columna | José Mª Aguilar 12/05/2026
El tambor mudo
Ahora cumple 40 años.—El artesano que lo creó fue Juan Estenazas, maestro tamborilero de Villamanrique de la Condesa. —Este año estará, silente, en la caseta de la Hermandad.— Un buen destino sería el Museo de Osuna en un rincón dedicado a la Feria
La Feria de Mayo de Osuna seguirá cumpliendo años —223 en 2026—, pero nunca perderá la primaveral lozanía de una mocita de 18. Podrá buscar otro emplazamiento porque, acaso, con el correr del tiempo al traje de flamenca del Lejío se le rompan las costuras. Mantendrá imperecedera su justa y antigua fama para inspirar coplas que trasladar a los registros sonoros más diversos. Incluso, podría ser de nuevo «víctima» de erratas en textos, en este caso digitales y no de imprenta, como aquella antológica que le atribuyó más de 200 siglos de existencia. Tal cual.
(Quisieron decir que contaba con más de 200 años de historia, pero salió siglos… Es decir, su origen lo remontaron a hace 20.000 años. Año arriba, año abajo, cuando Europa era, según se afirma, mucho más grande que ahora, con lo que no debió de haber problemas para abrir muchas casetas. También, hace 20.000 años coincide, ahora que tanto se habla de cambio climático, con el punto máximo que alcanzó el último período de glaciación. Con más o con menos frío, en aquella protoferia del Paleolítico Superior lo que no faltó —seguro, seguro— fue el solano…)
Sí, nuestra Feria de Mayo seguirá siendo —solano incluido, ¡qué remedio!— nuestra Feria de Mayo. Pero le faltarán ya para siempre —¡ay, dolor!— los acompasados sones del tambor rociero que tañía Salvador «El Cojo», así conocido por imperecedero remoquete familiar, quien al cante de unas sevillanas animaba y ambientaba cualquier rincón en cualquier momento.
Salvador, el tío Salvador, N. H. Salvador Rodríguez González, fidelísimo devoto de Nuestro Padre Jesús Caído, se nos marchó inesperadamente a los 80 años cuando nacía este mes de mayo. Precisamente, a dos semanas para la Feria, su Feria, y en la festividad de San José Obrero, Día de los Trabajadores, él que tan incansable trabajador fue. Su cuerpo —nunca su espíritu, joven y animoso eternamente— presentaba ya algunas goteras que el «progreso de la edad», como se decía antaño, le deparó, pero nunca hasta el punto de irse sin decir adiós. Porque era una persona educada. De las de no regatear nunca, por más que él tanto regateara cuando jugaba al fútbol, unos buenos días o unas buenas tardes aunque no conociera al destinatario de tan corteses saludos.
La pequeña historia del tambor
Salvador, el tío Salvador, nos ha dejado y su tambor se ha quedado mudo. Un tamboril rociero de franjas azul, blanca y azul. Como los colores de la capa y la túnica de Jesús Caído, hábitos que sirvieron de mortaja a su propietario. A este tambor, presente en la capilla ardiente de su dueño, quien quería que lo incineraran con él pero no pudo ser, le ha sobrevenido un desconsolador silencio cuando cumple 40 años, precisamente.
En la primavera de 1986, el año del ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea, y de la subsiguiente entrada en vigor del IVA, quien torpemente garabatea estas líneas…
(Y mientras garabateo me llega una penosa noticia: ha muerto Luis Jaldón, mi maestro de baile por sevillanas. No se olvidarán fácilmente estas vísperas feriadas. En absoluto. Apagados los sones del tambor de Salvador, ahora han callado para siempre los repiqueteos de los palillos de Luis. Pero jamás se podrá borrar de mi memoria el recuerdo adolescente de aquel local de la plaza Salitre, alquilado a Alejandro Ruda, donde tantos aprendimos a bailar de la primera a la cuarta, e incluso hasta nos atrevimos con las boleras; al menos, hasta la sexta. Descansa en paz, Luis.)
Antes de esta digresión, quien emborrona estos folios decía que en la primavera de 1986, la del segundo Mundial de México y los cuatro goles de Butragueño a Dinamarca, así como la del desastre de Chernóbil, trágica evocación del fracaso del comunismo en la hoy tan martirizada Ucrania, quiso comprarse un tamboril rociero. El único fin era disfrutarlo junto a mis amigos en Feria y en fiestas en las que invariablemente se disfruta por sevillanas.
Recordaba la letra de Antonio Rodríguez Ferrera «El fandango y la jarana», que cantaban Los Hermanos Reyes, dedicadas precisamente a las sevillanas…
Si quieres darle buen son
coge un tambor del Rocío.
Si quieres darle alegría,
con la flauta y los palillos…
Manolo Zurita, culto escritor y gran amigo, natural de Villamanrique de la Condesa y uno de los descubridores de la Estela tartésica manriqueña (s. VI a. C.), me orientó para la compra. Si en hablando del Rocío se canta la antigua copla de…
Del Rocío venimos,
nadie se pique,
que se lleva la palma,
Villamanrique.
… en materia de artesanía tamborilera, la villa manriqueña se lleva otra palma.
Manolo, tiempo después presidente de la Hermandad del Rocío de su pueblo, me puso en contacto con uno de los Estenazas, Juan, maestro tamborilero, quien con su hermano José; Blas «El Chavín» y Curro de Villamanrique había grabado en 1979 una joya discográfica: «Amanecer en Palacio.» Para ello contaron con la guitarra de Manolo Domínguez, las castañuelas de Manolo Cuadrado y Fernando Gallego, y las palmas de Manuel Mancheño, Antonio Cortés y El Rubio.
Nos ajustamos en 7.500 pesetas (45,08 euros). Mi hermano David, por entonces estudiante en Sevilla, me acompañó una noche hasta Villamanrique para retirar el tambor. Unos días después ya estaba en Osuna, en casa de mis padres, calle «Graná».
Visto y no visto. Quizá no llegó a estar un día completo.
Salvador, el tío Salvador, que había ido a no-sé-qué, lo vio… y se lo llevó. Eso sí, con posterior pago de su importe, invertido en un nuevo encargo al Estenazas.
Porque servidor no renunciaba a quedarse sin su tamboril.
Otro paseo nocturno a Villamanrique, la antigua Mures, donde el visitante se puede citar con la Historia, y otro grato saludo con Juan Estenazas, tamborilero oficial que fuera de la Hermandad de Umbrete. Él contaba que siendo un mozalbete aprendió a tocar mientras espantaba gorriones en «El Mantillo», finca de la familia Zurita.
El resto es historia de la Feria de Osuna en los últimos decenios.

Patrimonio sentimental de la Hermandad
En la Feria de 2026, tras partidas tan dolorosas, el tambor de Salvador y su sombrero de ala ancha, regalo que tras dejar de peregrinar al Rocío le hiciera N. H. Joaquín Arauz Hurtado, eterno Hermano Mayor Honorario que desde hace diez años mora en los campos celestes del Cielo, estarán expuestos —propuesta de NN. HH. Manuel Angulo Reyes «Cuarto» y Manuel Heredia Rodríguez «Catala»— en nuestra caseta de Feria. A modo de silente homenaje a ambos. El Rincón de Joaquín y Salvador. Todo un patrimonio sentimental de la Hermandad.
Ambas piezas, incluso, podrían formar parte del Museo de Osuna, acompañadas con la pertinente documentación gráfica, en una sala dedicada a la Feria de Mayo. También, cómo no, unas castañuelas de Luis Jaldón…
Las ausencias han dejado un hondo pesar en el alma. Pero la fe nos ayuda a mitigarlo. Porque nos consuela saber que con ellos se ve acrecentada la alegría en la Feria eterna de la Gloria.




