
La recopilación inventarial de 1905
Es más que probable que el quinquenio de 1903 a 1908 concentre el mayor número de suspensiones procesionales en la historia de la Hermandad de Jesús Caído y Ánimas.
Al turbio contexto social de una gravísima crisis de subsistencia generalizada, se sumó una circunstancia interna que hipotecó sobremanera la disponibilidad contributiva de los hermanos: el encargo de la costosa confección de una túnica bordada para Jesús de la Merced.
La preciada prenda del Señor de la Caída iba a monopolizar la economía de la cofradía de los sucesivos años hasta su terminación en 1908. No pudiendo soportar el estado de cuentas la generación de gastos simultáneos, prevaleció el criterio de la inversión patrimonial sobre el efímero lucimiento de las salidas procesionales.
El obligado paréntesis de recogimiento de la cofradía por la suspensión de todos los cultos externos, mientras se bordaba el manto de Nuestro Padre Jesús Caído por las carmelitas de San Pedro, favoreció una suerte de prácticas internas de protección del patrimonio, absolutamente necesarias. No hay mal que por bien no venga.
Así, el 28 de mayo de 1905 y por iniciativa del Hermano Mayor, don Manuel Alarcón, tiene lugar un especial cabildo donde se van a adoptar unos acuerdos interesantísimos encaminados a reunir el disperso y variado patrimonio de la cofradía mercedaria.
Esta atinada acción introspectiva para la puesta en valor y recuperación de lo que se posee, cuya determinación se alcanza justo cuando la cofradía cumplía los 200 años desde su fundación, nos va a permitir enriquecer y ampliar nuestro conocimiento actual.
Así quedó formalmente recogida dicha resolución:
«Por el Hermano Mayor se manifestó que deseoso de conocer los efectos que posee la hermandad debía procederse a la formación de inventarios. El secretario don Francisco Trujillo Oliva explicó que los inventarios existen de hace tiempo y que a su juicio sólo procedía revisarlos y ampliarlos, removiendo aquellos depositarios que no fueran hermanos puesto que no se explica que muchos efectos de la hermandad estén en poder de los que no fueran hermanos ni tengan nombramiento alguno que los autorice. Oído el parecer de otros señores hermanos se acordó que el señor Hermano Mayor don Manuel Alarcón, acompañado del segundo secretario don Ramón Miranda, procedan a dar cumplimiento a lo manifestado por el secretario Francisco Trujillo Oliva, por estar en consonancia con los estatutos y reglamento de dicha hermandad, con lo que se da por terminado este cabildo de que yo el secretario primero certifico.»
La ruta inventarial: «Jesús de la mulita»
De esta forma llegamos a la interesante recopilación inventarial y recuperación patrimonial de todos los objetos de la cofradía que se hallaban dispersos, tras las necesarias acciones de inspección y redacción de actas pertinentes.
La primera visita de Miranda y Alarcón tiene lugar el día 8 de junio, a la casa de Francisco Mesa, esposo de Encarnación Ariza. Entre otros efectos, se describe que tenía en depósito y entregaba en el acto «por no querer colocarse en condiciones legales para continuar desempeñando el cargo de camarera», una túnica de terciopelo bordada en oro y cordones de oro nuevos para Jesús Caído; una túnica de damasco verde con galones dorados, una capa de terciopelo carmesí con galón de oro y otra de raso usada granate con guarniciones de oro y plata para vestir a la imagen de San Juan; una camisa y unas potencias pequeñas de plata de ley para la imagen de «Jesús de la mulita».
Dos días más tarde, 10 de junio, se personaron en la casa de Rosario López Lucena, quien hacía entrega, igualmente en el acto, de las ropas de Nuestra Señora de los Dolores y varios efectos más de la cofradía. Se describe una corona de plata meneses y otra de lata, así como un vestido de terciopelo, otro de seda y otro de tisú de oro, un manto de terciopelo con estrellas de plata y una toca blanca de encaje. Entre otros enseres, también se reseña un estandarte nuevo completo de cordones de oro y un pendón igual; un arca para guardar la ropa; dos pares de candeleros, un atril dorado o una cruz con crucifijo de metal.
Al día siguiente, 11 de junio, Miranda y Alarcón finalizan su ruta inventarial de todo lo perteneciente a la cofradía. El tercer y último acto tiene lugar en el mismo corazón fundacional, en la iglesia conventual de la Merced, para proceder al registro de los objetos en poder del capellán don Francisco Sánchez Navarro. Así queda consignado el resultado de la visita:
«Se dio principio al acto, resultando lo siguiente.- Un cuadro de madera dorada y tallada con la imagen de Ntra. Sra. del Rosario, con corona, cetro y media luna de plata y el niño corona y cetro del mismo metano, al reverso tiene este cuadro las Ánimas y termina en una corona de madera. Una cruz de madera tallada y dorada, grande con su asta. Otra cruz negra con un crucifijo pintado. Un estandarte usado de terciopelo morado con galón y puntilla, cordón y borla de oro y seda, cruz de metal y remate de lo mismo. El señor y mulita que representaba al paso de la entrada en Jerusalén. Un arco de caoba perteneciente al mismo paso. Dos bancas pintadas. Un arcón grande que sirve para guardar la cera y las bombas y varios efectos de la hermandad. Tres astas de madera que sirven para el pendón y los estandartes. Un frontal morado con ramos blanco. Y para que así conste, firma el referido capellán con los señores expresados de que yo el secretario segundo certifico».

Conclusiones
De todos los objetos inventariados, nos merecen especial significación dos reseñas concretas. La primera será un nuevo refrendo —pues ya estaba recogido en inventarios anteriores— de que el cuadro-estandarte de la cofradía de Ánimas del Rosario de Madrugada, que se encuentra en la iglesia de Santo Domingo, es patrimonio de la cofradía.

Las otras reveladoras referencias, inéditas, son las citas al Jesús o Señor de la mulita, las desconocidas imágenes que debieron procesionar en el primitivo paso de la Entrada en Jerusalén —junto a los de Jesús Caído atado a la columna, San Pedro y la Virgen de la Soledad—, en los años que la hermandad realizaba su estación de penitencia en Domingo de Ramos (1705-1879). A pesar de la aparente obviedad que se deducía de contar con un paso de tal iconografía, son las primeras reseñas conocidas y documentadas de su existencia.
J.C.M. 13/08/2026

